miércoles, 25 de marzo de 2015

8 meses ya. Vivimos creyendo que el tiempo es infinito, que el tiempo es nuestro y no, sólo esta para destruirnos, sofocarnos, extinguirnos de un mundo del qie nunca llegamos a ser parte

8 meses ya. Vivimos creyendo que el tiempo es infinito, que el tiempo es nuestro y no, sólo esta para destruirnos, sofocarnos, extinguirnos de un mundo del qie nunca llegamos a ser parte

domingo, 8 de marzo de 2015

Iniciamos con consciencia, esa ya existente cuenta regresiva, que continua alejándonos, desmantelando cada segundo que se nos pasa de vida.

Vivimos pendientes de una realidad sin futuro, de un círculo viciado que sólo nos marca que somos esclavos del tiempo, de la ilusión y de la eterna cobardía.

Enjaulados, creyéndonos parte de las cúpulas, jugamos a manejar la vida sin saber que ella ya se dedica a jugar con nosotros. Y vivimos perdiendo.

Estancados en todo lo que fue y en todo lo que se repetirá, vivimos. Vivimos para creernos más, sabiendo que siempre somos menos.

Sí sentís dolor la culpa no es tuya. La culpa es de todos.

sábado, 28 de febrero de 2015

Porque llegó a un punto en el que dejaste de hacerme feliz, dejaste de quererme para sólo arriesgarte a quemar mi esperanza, destruir todo sentimiento de compasión y crear culpables de momentos irrecuperables, imperdonables.

Te arriesgaste a un cambio que no eras vos, un cambio que seguro yo generé. Un cambio que desarmó todo eso que yo amaba de vos con desesperación.

Mil horas pasaron y me incomoda, me enoja, me frustra verte y sólo sentir rechazo cuando llegaste a ser mi todo. Sentimientos de hipócrita, de enfermo son cosas que prefiero seguir evitando.

Quedemonos como estamos. Sin coincidencias, sin sueños, sin tener que vernos. Cumplirme el capricho es algo que me sigo exigiendo

miércoles, 25 de febrero de 2015

Siete meses de risas pérdidas, de visitas en sueños, de llorar esperando no despertar. Siete meses repetitivos, enfermizos, redundantes, dudosos, totalmente estancados.

  Sigo suplicando que vuelvas, inmersa en la falsa ilusión de que por ahí seguimos soñando una realidad que nunca fue nuestra.

Todos los días me acuerdo de vos como esa risa que no quiero olvidar, como ese recuerdo que quiero para mi eternidad, como esa persona que para mí, sigue acá.

martes, 17 de febrero de 2015

Ya casi siete meses. Siete meses de caos, rebeldía e inexistentes ganas de vivir.

  Ya no hablemos de sobrevivir. Ya no hablemos de '¿Por qué...?' Tan sólo intentemos continuar.

Afrontemos que seguimos solos. Que estamos solos. Que todos nos llorarían, pero vivimos para y con nosotros mismos.

El tiempo no es absoluto. El tiempo no existe. No hay manera de volver.


El vagón yacía extrañamente vacío. El constante repiqueteo contra el andén generaba un sonido no silencioso, sí costumbrista. Un zumbido inquietante.

Caminaste con ese caminar ligero que tanto te caracterizaba en el pasado, nerviosa, ansiosa de soledades estancadas. Te oí cruzar al siguiente vagón, cerrando la puerta que los conectaba con gran aplomo.

Tus pasos eran ligeros, dudosos, sí. Eran pasos completamente mudos donde lo único que se realzaba, era tu respiración.

Yo seguía allí, a la espera de tu ya sabida llegada. Era ansiedad, eran sólo ganas de volver a verte. De volver a sentir tu presencia, siempre tan predecible a mis ojos.

La obviedad de que ya estabas llegando sólo generaba alargar más, aquellos interminables minutos que continuaban separándonos.

El corazón de mis suspiros no hacía más que entorpecer mi respiración.  Nuestro encuentro, prolongado por la eternidad de aquellos sentimientos desbordantes, se volvía más enfermizo tras cada segundo desperdiciado.

Reconocí el sonido de la manija moviéndose. Yo reconocí que vos eras culpable de ese sonido.

Me acomodé en el asiento, miré a ambos lados, como sí la privacidad fuera primordial o el silencio no tuviera suficiente protagonismo para develar mi constante soledad; hasta que entraste. Tu sonrisa reflejó toda inseguridad pasada, toda confianza que me encanta, toda esperanza de ser correspondida.