miércoles, 10 de septiembre de 2014


 Reavivar ese día todos los días de mi vida. Recordar los pasos, las miradas buscando complicidad, las sonrisas irrecuperables y las infinitas ganas de querer despertar.
 
  Todavía siento ese momento, en el que ordenar una habitación pasó a ser una tarea totalmente monótona a lo que en verdad sabíamos todos que estaba pasando. Entró en la casa, nervioso, intranquilo, con ganas de gritar pero al mismo tiempo, con esa falsa naturalidad que busca siempre rodearlo.

 Todavía sueño y recuerdo el momento en el que me llamó, me llevó hasta afuera y alejados de la puerta, sus lágrimas comenzaron a aflojarse. Mis suspiros acelerados, mis ganas de no querer comprender nunca y el querer unir esas lágrimas suyas a falsas y olvidadas borracheras.

  Pensar en esas palabras. Palabras que apenas podían escucharse. Él tenía miedo de decirlas. Tenía miedo de escucharlas y tenía más miedo de que yo las escuche. Recuerdo mis lágrimas, lágrimas que no sabían sí aquel era el momento y esperar que todo fuera un error, algo apurado, una suposición.

 Sé que miré mis manos desesperada, comencé a jugar con ellas. Él me dijo que no dijera nada. Él no estaba preparado para consolar a los demás, ya llegaría alguien. Pasé infinitos minutos demostrando algo irreal, demostrando que estar bien sí se podía, mintiéndome pero buscando creer esas mentiras un ratito más. Buscando paz.

El momento llegó, donde asumirlo era la única opción y allí, se escuchaban llantos ajenos, irremediables, inconsolables, infinitos. Acto reflejo, aislarme. Uno sabe que la risa es contagiosa, las lágrimas también. Mi vida se había convertido en algo que yo nunca había optado vivir, en algo que sabía que yo jamás iba a disfrutar... Yo quiero eternidad, yo quería eternidad.

 Minutos continuaron, minutos se perdieron y la tinta no alcanzó para calmarme. Palabras de aliento que jamás salvaron a mi mente de inimaginables locuras, palabras de consuelo que no terminarían nunca de llenarme y miles de lágrimas que sólo buscaban ser abrazadas, pedían una mentira más, odiaban la realidad.



 Yo sé que el tiempo va a pasar y estas palabras, estas escenas van a seguir en mi cabeza enfermamente. Esta escena particularmente. Yo sé que estás. Yo te extraño y no sé, siento que vas a volver todos los días. Siento que tenes ganas de joder a mamá para acompañarme a tatuar, porque sos mi hermano en sí. Siento que no puedo olvidarte. Siento que verte tendría que ser algo cotidiano y eso que nos veíamos los fines de semana como mucho. Siento que la vida no es justa nunca y perderte jamás fue una opción. Yo quería esperanzas y las esperanzas no existen. Yo quería siempre un cachito más de inocencia y creo que ya la perdí completamente. No puede ser que todos los días, buscando no pensarte, no acordarme de vos, me acuerde algo nuevo. La primera vez que salí a comprar preventas, fuiste a acompañarme... ¿Te das cuenta que soy una enferma?

 Yo sólo quiero vivir en una realidad donde la realidad no existe. Quiero vivir sin sentir. Quiero vivir sabiendo que nada cambió. Quiero vivir en ese momento en el que eramos chicos y estabamos en el bosque, corriendo por ahí, vos siempre trepandote a algún árbol y apostándome a mí a que yo jamás podría hacerlo. O cuando me querías enseñar los colores en inglés... Sos eterno enfermo de mierda. Vení a terminar todo lo que empezaste, yo sé que las personas se van cuando ya terminaron todo. Vos no te fuiste.  

domingo, 7 de septiembre de 2014


 Reconocer que la gripe, Ezequiel, los mocos, la tos, la comida, las personas, el asco no son el problema es indicio de que hay cambio o por lo menos, eso se busca. Concentrar todo mi asco, mi bronca, mi dolor sobre las personas, sobre mi estado no termina sirviendo de nada sí lo que a mi me pasa es no querer reaccionar ante que perdí todo. Perdí la ilusión, perdí esas mañanas en las que la mente se despierta en blanco, perdí esas motivaciones enfermas a querer vivir, perdí esos cachitos de inocencia que suelen siempre sobrevivir en las personas.

 Estaré dolida, estaré sola, seré rencorosa o todo lo que uno quiera meter ahí, que seguro debe entrar... Pero creo que nadie se merece no poder salir de ahí. De ese agujero lleno de recuerdos, lleno de escenas irrepetibles, lleno de infancia, lleno de imágenes que sabes que estarán rotas, lleno de censuras. Es inconsciente nombrarlo, pensarlo, escuchar su risa de la nada. Es inconsciente despertarse y acostarse pensando en 'Tal vez, yo soñé todo y es todo mentira' . Sabemos que el final no cambia, las ganas de vivir se van haciendo cada vez más inexistentes y las pocas ganas que tenes las explotas haciendo cosas que jamás harías por 'las dudas'.

 Harta del mundo, harta de las palabras, harta de la falsa comprensión, harta de las miradas de desaprobación. Sí me muero, espero no cruzarme con nadie. Espero que no existan segundas oportunidades. Espero que ese engañoso y falso final sea la gloria del que busca apostar a todo para quedar al final, solo en recuerdos y sonrisas viejas.

martes, 2 de septiembre de 2014

 Llegar y reconocer lo vacío. Darse cuenta del límite pero no sentir nada. Extrañar, necesitar volver atrás sólo para recordarlo todo un poco más vivo.
 Vivir sin expectativas, vivir con metas absurdas, vivir simplemente por vivir. Entrecerrar aquella mirada que sí no es perdida se desconcentra, suspirar buscando un falso reparo, escenas que quieren ser sólo un dejavu, contemplar la memoria como única exigencia para elegir vivir, montones de sueños fallidos y palabras contenidas que se viven multiplicando con los días.
 La eternidad no alcanza, la temática varía, la víctima es sólo la tinta, y el amar último un desperdicio de apostador.



31-Agosto

lunes, 25 de agosto de 2014


 Días en los que pensé que ibamos a compartir todas nuestras vidas juntos ¿Por qué? Porque somos pibes, recién empezabamos a sentir lo que era vivir o a querer empezar a vivirla. Recién pasó un mes y así, se me va a ir la eternidad sin vos... Y voy a seguir creyendo de que voy a poder verte en cualquier momento ¿Sabes?

 El tiempo tiene límites y recién podemos caer en esa realidad cuando momentos de mierda pasan. Al principio se hacen interminables, ansiosos, horribles para después eternizarse en algo que no tendría ni que existir.

 No te preocupes. Para mí, seguís estando en todos lados. Y sé que para muchísimos también... Es que, sos eterno boludo. No te jodo... Lograste eternizarte.

domingo, 17 de agosto de 2014



 Yo siento que hoy seguimos juntos pelotudito. Siento que en cualquier momento vas a caer en casa para que te cuente todas las secuencias de bariloche y yo re enferma me pasaría horas contandote todo como siempre. No sé, asimilarte no es fácil pero saber que se puede es un hermoso comienzo.

 No te voy a olvidar, vos te fuiste y un cachito de mi te quiso acompañar... Pero, seguís conmigo esperando que nos caguemos de risa y esperando que me acuerde de todas las secuencias boludas o comentarios enfermos que tirabamos.

 Yo te extraño, cada día un poquito más. Pero nos vamos a volver a ver, ya sea en sueños, en fotos o cuando despierte de todo esto. Pensar en que ya casi va a pasar un mes es re loco, re inimaginable, pero no te perdí. Nadie te perdió. Te fuiste por ahí a manijear un rato y ya vas a volver, vas a volver para joder, para gulear y con mil ganas de hablar.

 Te amo, mucho te amo. Perdón por no decirtelo lo suficiente cuando tuve en verdad miles de oportunidades. Pero una vida juntos siempre lo dijo inconscientemente.
Volver y tener una sonrisa en la cara, reconocer quiénes estan con vos y quiénes van a seguir estando y revivir mentalmente mil anécdotas es la mejor experiencia por la que una persona puede pasar. Estoy feliz de haber podido estar diez días con tantos de mis amigos y con tantos futuros nuevos amigos, feliz de reconocer donde estoy yo y feliz con tantos motivos.

 Sacando lo piola que estuvo el viaje, las excursiones, los boliches, todo... Fue todo muy perfecto. Gracias vieja por darme la oportunidad de abrir la cabeza

La banda de la bolsa, #2014