sábado, 28 de febrero de 2015

Porque llegó a un punto en el que dejaste de hacerme feliz, dejaste de quererme para sólo arriesgarte a quemar mi esperanza, destruir todo sentimiento de compasión y crear culpables de momentos irrecuperables, imperdonables.

Te arriesgaste a un cambio que no eras vos, un cambio que seguro yo generé. Un cambio que desarmó todo eso que yo amaba de vos con desesperación.

Mil horas pasaron y me incomoda, me enoja, me frustra verte y sólo sentir rechazo cuando llegaste a ser mi todo. Sentimientos de hipócrita, de enfermo son cosas que prefiero seguir evitando.

Quedemonos como estamos. Sin coincidencias, sin sueños, sin tener que vernos. Cumplirme el capricho es algo que me sigo exigiendo

miércoles, 25 de febrero de 2015

Siete meses de risas pérdidas, de visitas en sueños, de llorar esperando no despertar. Siete meses repetitivos, enfermizos, redundantes, dudosos, totalmente estancados.

  Sigo suplicando que vuelvas, inmersa en la falsa ilusión de que por ahí seguimos soñando una realidad que nunca fue nuestra.

Todos los días me acuerdo de vos como esa risa que no quiero olvidar, como ese recuerdo que quiero para mi eternidad, como esa persona que para mí, sigue acá.

martes, 17 de febrero de 2015

Ya casi siete meses. Siete meses de caos, rebeldía e inexistentes ganas de vivir.

  Ya no hablemos de sobrevivir. Ya no hablemos de '¿Por qué...?' Tan sólo intentemos continuar.

Afrontemos que seguimos solos. Que estamos solos. Que todos nos llorarían, pero vivimos para y con nosotros mismos.

El tiempo no es absoluto. El tiempo no existe. No hay manera de volver.


El vagón yacía extrañamente vacío. El constante repiqueteo contra el andén generaba un sonido no silencioso, sí costumbrista. Un zumbido inquietante.

Caminaste con ese caminar ligero que tanto te caracterizaba en el pasado, nerviosa, ansiosa de soledades estancadas. Te oí cruzar al siguiente vagón, cerrando la puerta que los conectaba con gran aplomo.

Tus pasos eran ligeros, dudosos, sí. Eran pasos completamente mudos donde lo único que se realzaba, era tu respiración.

Yo seguía allí, a la espera de tu ya sabida llegada. Era ansiedad, eran sólo ganas de volver a verte. De volver a sentir tu presencia, siempre tan predecible a mis ojos.

La obviedad de que ya estabas llegando sólo generaba alargar más, aquellos interminables minutos que continuaban separándonos.

El corazón de mis suspiros no hacía más que entorpecer mi respiración.  Nuestro encuentro, prolongado por la eternidad de aquellos sentimientos desbordantes, se volvía más enfermizo tras cada segundo desperdiciado.

Reconocí el sonido de la manija moviéndose. Yo reconocí que vos eras culpable de ese sonido.

Me acomodé en el asiento, miré a ambos lados, como sí la privacidad fuera primordial o el silencio no tuviera suficiente protagonismo para develar mi constante soledad; hasta que entraste. Tu sonrisa reflejó toda inseguridad pasada, toda confianza que me encanta, toda esperanza de ser correspondida.

domingo, 15 de febrero de 2015

Reconocer esa soledad sin más. Sin nuevas oportunidades, sin ilusiones que se corrompen a cada paso, sin compañías estancadas.

Sus pasos retumbaban en la oscuridad de una galeria sin fin. Su llanto rompía aquel preciado silencio mientras el sitio buscaba apoderarse de ella.

21/1.

¿Y sí desaparecemos  al raz del cielo? —Cuestionó él con aquella vivacidad que lo definía tan bien.

Ella lo observó, considerando que ya no faltaba tanto. El día comenzaba a iluminarse, el sol volvería a ser el protagonista y ella una simple mortal.

Suspiró con desaire, cansada de la realidad que habitaba día tras día. Sabía que nada cambiaría.

viernes, 6 de febrero de 2015

Se me para el tiempo. Se me van las ganas de vivir. Sólo se siente el vacío.
Aceptar que el tiempo sigue pasando, cada vez más rápido y que tras cada segundo que transcurre estamos cada vez más lejos es abrumador.

Reconocer que no te puedo ver, llamarte, hablarte, escucharte me saca toda motivación para seguir acá. Acá, un mundo en el que vos no estás.

Sólo quisiera escuchar tu risa sin tener ganas de llorar. Quisiera pensar en detener todo, estancarnos en ese invierno de mierda, en ese noche que ignoré las llamadas...

Sólo quisiera un nuevo tal vez con vos acá, con vos riendote y burlandote conmigo como se supone que tendría que haber transcurrido toda nuestra vida. Pero juntos y sin finales.

Siento que no puedo terminar de despedirte. Siento que te hago mal, le hago mal a lo que sí debe existir de vos. Me das algo en qué creer, pero algo injusto y enfermo.

Perdoname por tanto. No va a existir un adiós nunca de mi parte hacia vos. Y no es por quererte mucho o poco, es porque no es real todo esto.